Carmen Jordá: «Sé que llegaré mucho más arriba y sueño con la Fórmula 1»
Nada es imposible. Ni siquiera que cambien las tornas y una chica guapa llegue a ser algún día quien derrame el champán sobre el cajón de la Fórmula 1, en vez de la que reparte besos. Carmen Jordá cree en ello
-Se nota que es usted de Alcoy, cuando se ve con moral para llegar a un coto tan elitista como la Fórmula 1.
-¡Es mi sueño desde pequeñita!
-Si no lo logra, ¿se frustrará?
-Mmm... no. Al menos, sé que voy a llegar mucho más alto que a la F-3, donde estoy ahora.
-Venerará a Alonso.
-Él y todos los pilotos de Fórmula 1 son mis ídolos. ¡Pero bueno, es español, uno de los mejores, y tira más! Aunque también admiro a Massa o Raikkonen y a jóvenes como Hamilton o Vettel...
-Las mujeres en las carreras vienen cumpliendo una función esencialmente decorativa.
-Casi siempre, pero algunas no.
-Me acabo de enterar de que sí ha habido féminas en F-1.
-Desiré Wilson, Giovanna Amati, Lella Lombardi... pero ninguna más desde hace un montón de años. Con la sola excepción de Katherine Legge, últimamente.
-¿Cómo entró en este tinglado?
-Mi padre era piloto, y eso influyó. Él dice que lo llevo en los genes, porque mi hermana jugaba con muñecas y yo con coches. Con once años me regaló mi primer kart de competición, con el que empecé a entrenarme hasta que me dijeron: «La semana que viene no puedes venir porque hay una carrera y sólo pueden estar los pilotos federados». Así que me federé, claro, porque lo que quería era correr. Ésa fue mi primera carrera y ahí empezó todo. Hice cuatro años de karting y ahora llevo otros cuatro en monoplaza.
-Pronto le tocará ascender de categoría.
-Ahora no, porque la F-3 es la cuna, donde más experiencia coges, y luego, a partir de eso, o vas para delante o para atrás. A mi edad, con veinte años, es perfecto estar ahí. Además, sólo he hecho una temporada con el chasis F306 y creo que la segunda va a ser mucho mejor. Hasta que no estás arriba en una categoría no vale la pena cambiar.
-¿Todo hombres, menos usted?
-El año pasado tenía una compañera, pero en 2009 voy a ser la única mujer.
-¿Sus cualidades como piloto?
-Lo que más valoro de mí misma es la dedicación que tengo. ¡Este deporte es lo que más me gusta!
-Tiene que echarle muchas horas...
-¡Bastantes! La forma física es importante, con dos horas diarias de gimnasio: resistencia, pesas, flexibilidad... ¡Hay que estar fuerte! En ese sentido, ser mujer es una desventaja y hay que entrenarse más duro que ellos.
-Pero en flexibilidad ganarán las chicas.
-¡No es mi caso, quizá porque de pequeña no hice ballet!
-¿Detecta techos de cristal? ¿Llamamos a Aído?
-¡Bueno! Sobre todo es difícil llegar a la cima porque somos muy pocas. No hay casi mujeres, y si ya es difícil para un hombre llegar a la Fórmula 1, imagínate para nosotras. Sigue siendo un mundo esencialmente masculino.
-¿Sus pinitos como modelo no le restan energías y dedicación?
-No me quiero dedicar a eso, simplemente lo hago cuando van surgiendo cosas. Como Sharapova.
-¿Armas de mujer?
-¡Claro! Da proyección. Ser mujer te perjudica en unos casos y en otros te beneficia. Lo que sea bueno para mi carrera lo hago encantada.
-¿Qué se siente en la línea de salida?
-¡Sube la adrenalina! El peor momento es cuando estás en «preparrilla» y arrancas el coche antes de hacer la parrilla definitiva y salir. Ahí todo es incierto, no sabes si el motor va a estar bien y compruebas cómo te vas a encontrar.
-¿Se desmanda en el tráfico cotidiano?
-Cuando cojo mi coche de calle me siento encerrada y, a veces, me asalta el impulso de una conducción deportiva...
-Ojo con los puntos.
-Sólo es el impulso. ¡Voy con cuidado!